Lima: ¿es el tráfico lo que importa?

Esta semana salió uno de esos rankings que suelen generar titulares, clicks y reacciones en redes: la lista de las ciudades con mayor congestión de tránsito. Lima aparece tercera. A la publicación del ranking le siguieron notas en casi todos los periódicos, y hasta reportajes en programas periodísticos informando que Lima es la tercera ciudad con «más tráfico»¹ del mundo. Pero, ¿de qué se trata este ranking?

El índice que se usa para construir el ranking es la diferencia promedio entre lo que toma hacer un viaje en auto, y lo que tomaría hacer ese mismo viaje si no hubiera congestión. La información viene de los smartphones y otros aparatos usados por los automovilistas, que generan datos usando GPS. Para TomTom, la empresa que produce los rankings, esta diferencia es el tiempo extra causado por la congestión. En el caso de Lima la diferencia es 58%. O sea, en promedio, un viaje en auto en Lima demora 58% más que el mismo viaje hecho sin congestión.

Para el índice, pues, TomTom solo recoge información producida por las personas que viajan en automóvil. En Lima, se trata de alrededor del 15% de la población. Es decir, solo la experiencia de un grupo es tomada en cuenta. Y ese grupo es el que más contribuye a generar esa congestión.

La situación es aun más problemática cuando pasamos a construir un ranking con esta información. ¿De qué nos sirve comparar el caso de Lima con el de una ciudad en la que el 90% de la población viaja en automóvil? Aparte de permitirnos escribir titulares que jalen clicks, muy poco. Comparar una característica de dos ciudades usando como información básica grupos distintos dentro de esas ciudades es comparar peras con manzanas.²

Pero el problema va más allá. Pongamos el ejemplo de dos ciudades con la misma población, una densa y otra dispersa. En la ciudad densa, las calles pueden estar congestionadas, pero dado que las distancias son cortas, los tiempos de viaje también lo serán. En la ciudad dispersa, las calles pueden no estar congestionadas, pero las distancias son tan largas que el tiempo de viaje es mayor. Para el índice, la primera ciudad está peor que la segunda. Y esto es solo considerando viajes en auto. Si a la primera le agregamos facilidades para moverse de otro modo (que, de hecho, son más fáciles de proveer en ciudades densas), los tiempos promedios de viaje seguramente serán aún menores. Y la facilidad que tiene la gente para moverse de diversas formas será mejor. En la primera ciudad, la accesibilidad es mejor. Pero la congestión puede seguir siendo peor: ni la distancia ni la disponibilidad de otros medios influye en el índice tal como está construido.

El índice de congestión, pues, es incapaz de capturar la complejidad de las dinámicas de movilidad de las ciudades.

Esto sería anecdótico si no fuera porque la forma como caracterizamos los problemas influye en la forma como construimos las soluciones. La primera caracterización tiene que ver con construir el transporte como el principal problema urbano de Lima, una de las ciudades latinoamericanas con el mayor déficit de vivienda. Y si vemos al transporte de forma aislada, ocurre algo parecido. Si la congestión es el principal problema, la solución será aliviar la congestión. ¿Pero, es la congestión el problema?

No hace falta imaginarnos ciudades ideales para ver que no. Desde que Lima Cómo Vamos hace encuestas (2010), todos los años ha habido más gente que responde que se demora más que el año anterior en llegar a su centro de trabajo o estudios. Pero la diferencia es considerablemente menor en 2011 y 2012. La del 2011 fue la primera encuesta hecha con el Metropolitano en operación. Y de 2011 a 2012 fue el año en el que más aumentó la cantidad de pasajeros (de 295,000 a 380,000). La influencia del Metropolitano en el agregado se vuelve clara cuando miramos los datos por zona. En el 2011, en Lima Sur hubo más gente respondiendo que se demoraba menos que el año anterior (19.9%) que gente respondiendo que se demoraba más (15.7%). Y en el 2012, ocurre lo mismo en Lima Sur (21.2% vs 14.9%) y Lima Norte (26.4% vs 22.2%). No sucede algo similar en ninguna otra zona en ningún otro año. Estas ganancias de tiempo no aparecen en un índice de congestión.

diferencia tiempo hasta 2018

En Lima el tráfico es terrible y parece empeorar año a año. Además, dado que la mayoría de la oferta de transporte público comparte las vías con los automóviles, la congestión afecta a prácticamente todos, y no solo a los automovilistas. Pero como demuestra el ejemplo del Metropolitano, se puede mejorar la movilidad de la población sin buscar reducir la congestión. De hecho, implementar nuevas rutas de Metropolitano podría empeorar la congestión en algunos corredores al reducir la capacidad para autos, y aún así mejorar las condiciones promedio de movilidad: quienes iban en bus ahora se demorarán menos, y eso incluso podría convencer a algunos que antes iban en auto o taxi a subirse al bus. Pero mirar los problemas de transporte de la ciudad con el lente de la congestión facilita justificar la oposición a darle más espacio al transporte público y a otros modos. Esto ocurrió, por ejemplo, cuando la Municipalidad de Lima se echó para atrás en su plan para convertir a la Avenida Arequipa en un corredor semi-exclusivo de buses. El motivo: según el concejo de San Isidro las calles de ese distrito «colapsarían».

No hay, pues, nada neutral o «técnico» en conceptualizar el problema de transporte como un problema de congestión. Hacerlo es avanzar una mirada auto-céntrica de la ciudad. ¿Quieren implementar una ciclovía en una avenida principal? No, porque empeora la congestión. ¿Un corredor exclusivo de buses? Congestión. ¿Reducir la velocidad de los autos para que la ciudad sea más segura para los peatones? ¡Congestión! En todos los casos, se trata de problemas políticos que, al reducirse a un asunto de congestión (o «tráfico»), se des-politizan para pasar por problemas técnicos. Más aun cuando son apoyados por «datos duros» como los de un índice. Esa despolitización se basa en mirar los problemas urbanos desde el parabrisas de un auto, aquel lugar desde el que todo lo que vemos se convierte en un obstáculo.

 

Notas

¹Se suele confundir tráfico con congestión. El tráfico es el volumen de vehículos en circulación en un determinado lugar. La congestión ocurre cuando ese volumen supera la capacidad de la vía, generando demoras en comparación con momentos en los que la capacidad no es superada. El índice mide la congestión, no el tráfico.

²Para una crítica al uso de estos índices y rankings incluso para ciudades dominadas por el automóvil, recomiendo streetsblog.

 

Un comentario sobre “Lima: ¿es el tráfico lo que importa?

  1. Interesante reflexión, entonces me surge la duda, ¿cuál es el real problema? considero que de todas maneras en el transporte hay un problema, tal vez sea uno mayor que no estamos viendo y la «congestión» solo sea una consecuencia de este problema mayor.

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