El mito del déficit de estacionamientos en Lima

La idea de que en algunos distritos de Lima hay un ‘déficit’ de estacionamientos se ha vuelto un tema recurrente en la presente campaña electoral municipal. En dos de los distritos que más viajes en auto atraen, Miraflores y San Isidro, es común que los candidatos ofrezcan promover que empresas privadas construyan torres o sótanos de estacionamientos. Pero, ¿de qué se trata este ‘déficit’?

Cuando se habla de un ‘déficit’ de estacionamientos, se está diciendo que la demanda de plazas de estacionamiento supera a la oferta. O sea, hay más gente queriendo estacionar que estacionamientos disponibles. Lo que no se dice tan seguido es que en los distritos en cuestión, las plazas públicas de estacionamiento suelen ser ofrecidas a un precio bajo (alrededor de S/.1.00 la hora) o gratis. No hay que tener conocimientos muy avanzados de economía para saber que si un ‘bien privado’ es ofrecido a un precio menor que el de equilibrio, la demanda va a superar a la oferta.¹

Si alguien ofrece una cantidad determinada de cervezas a S/1.00, no va a tardar en notar un ‘déficit’ de cervezas. La solución evidentemente no es ofrecer más cervezas. Eso es muy parecido a lo que ocurre con los estacionamientos en estas zonas de Lima: hay menos estacionamientos que gente buscándolos porque el precio por usarlos es muy bajo. Este es un diagnóstico bien simple que es usualmente pasado por alto.

Estacionar en el centro financiero de San Isidro cuesta 50 céntimos cada media hora.

¿Qué hacer entonces? Cuando quienes ahora hablan de ‘déficit’ se den cuenta de esto, quizás propongan privatizar los estacionamientos públicos, salvo que construir complejos de estacionamientos les siga siendo más rentable. Sin embargo, no es necesario privatizar nada para empezar a cobrar un precio más alto por estacionar en la calle. Los municipios distritales podrían hacerlo directamente.

Y si no se privatizan los existentes, ¿por qué no construir torres y sótanos, como proponen los candidatos? Pues tampoco es necesario. Los estacionamientos que estos complejos traerían ya existen. Están en la calle, son propiedad pública, y lo que las empresas cobrarían por estacionar en esas torres y sótanos lo podría cobrar la municipalidad por estacionar en los lugares existentes. Si se cobra más por estacionar en la calle, menos gente querría ir en auto a estas zonas, reduciendo la cantidad de autos que necesitan un espacio.

Que con teoría económica básica podamos hacer un diagnóstico fácil, sin embargo, no significa que debamos dejar que el ‘mercado’ se ocupe de las soluciones. En realidad, no es buena idea tratar a los estacionamientos (o a cualquier uso que se le dé al suelo urbano) como si fueran un bien privado cualquiera. Los estacionamientos son parte de un sistema de transporte, y lo que se haga con ellos afecta al resto del sistema. Su rol en este sistema es facilitar (o no) un modo particular de moverse por la ciudad: en automóvil. Si se cobra más por estacionar, más gente va a querer usar otros medios de transporte. Y si se ofrecen más estacionamientos, los usuarios de otros medios van a tener que soportar más tráfico debido a que va a haber más autos en las calles.

Por lo tanto, es lógico que el aumento en los ingresos por estacionamiento se transfiera a mejorar otros medios en lugar de que quede en manos de empresas construyéndolos o administrándolos. La facilidad que se le dé a moverse en auto, pues, incide en el resto del sistema de transporte. Y los costos que una persona, al moverse en auto, le genera al resto (‘externalidades negativas’), no suelen ser asumidos por ella sino por el resto de la sociedad. Esos costos, claro, no serían asumidos ni por quienes administren ni por quienes usen los complejos de estacionamientos ofrecidos por el ‘mercado.’

Sin duda, que los municipios cobren más por estacionar generaría críticas, pero es bueno tener claro de dónde vendrían estas. A diferencia de otras ciudades en las que tener un auto es casi una necesidad básica (por ejemplo, en algunas regiones de Estados Unidos), en Lima tener uno está más cercano a ser un lujo: menos del 10% de los limeños viaja en auto. Además, el uso de este medio de lujo es el que más costos le traslada al resto de limeños, al generar mayor congestión y contaminación que otros. Es difícil argumentar que el uso, por el sector más rico de la ciudad, del medio más perjudicial para los demás, sea algo que debamos subsidiar.

Probablemente se va a argumentar que no se les puede trasladar costos a los automovilistas porque los otros medios de transporte que ofrece la ciudad no son suficientemente buenos. Es cierto que hay cosas por mejorar en el transporte público -y en la infraestructura para ciclistas y peatones. Pero también es verdad que la gran mayoría de los limeños se mueve en el transporte público que tenemos. Y es cierto también que una forma de mejorarlo es dejando de promover que más gente lo abandone para pasar a usar autos. No hace falta construir nuevos estacionamientos, sino que quienes usan los que hay paguen lo que cuestan.

Notas:

¹Los estacionamientos en San Isidro se ofrecen por debajo del precio de ‘producirlos.’ En el 2012, el alquiler en el centro de San Isidro costaba US$25 por metro cuadrado por mes. El espacio que ocupa una plaza de estacionamiento es aproximadamente 12.5 m², lo que da S/.1.25 por estacionamiento por hora, 25% más de lo que cobra la municipalidad de San Isidro. Y esto es sin tomar en cuenta que el valor del alquiler es sobre propiedad horizontal en edificios; la propiedad sin construir valdría bastante más. En otras palabras, si contamos el costo de ‘producción,’ la municipalidad subsidia con por lo menos S/.0.25 por hora a cada usuario de sus estacionamientos públicos, sin considerar externalidades. Si contamos el precio de mercado, el subsidio es mucho mayor, pues estacionar en una cochera privada en San Isidro o Miraflores puede costar entre S/.5 y S/.10 por hora, lo que da un subsidio de entre S/.4 y S/.9 por hora.

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