El parque zonal del Lima Golf y el derecho a la ciudad

Esta semana, Juan Manuel del Castillo escribió en su blog sobre una vieja propuesta para convertir el espacio ocupado por el Lima Golf Club en un parque público, en este caso llamándolo “Parque Zonal Todas las Sangres.” Se trata de una propuesta muy interesante pero que enfrenta varios obstáculos y cuestionamientos.

Por ejemplo, para convertir el espacio en un parque se necesitaría expropiar el terreno. No es fácil calcular cuánto costaría esto, y no se debe tomar como referencia el precio del suelo en los alrededores dado que en el terreno en cuestión no existen ni están permitidas construcciones rentables. Sin embargo, dado que se trata de 48 hectáreas, puede ser bastante caro para un estado que bien podría invertir ese dinero en mejorar parques en otras zonas de la ciudad, o en asuntos más urgentes como el acceso al agua o a la vivienda.

Además, el parque está rodeado de edificios y casas habitadas por la clase alta, y aunque está ubicado en una zona central de la ciudad, no es particularmente accesible por transporte público. Los beneficios de la inversión pública, pues, serían aprovechados principalmente por vecinos de clase alta, algunos de los cuales incluso ya tienen parques semi-privados, ubicados al sur del Lima Golf. Una forma de remediar esto sería promoviendo el acceso al parque a través de inversiones en transporte público y vivienda barata en los alrededores.

Sin embargo, no creo que estos sean los principales obstáculos para que un proyecto como este se lleve adelante. A menos de un kilómetro del Lima Golf Club está ubicado el terreno del ex Cuartel San Martín. Como ha ocurrido con otros cuarteles en Lima, en los últimos años el estado ha decidido cambiar el uso de ese terreno. Por su ubicación, un parque habría sido ideal: a un lado está Santa Cruz, un barrio de ingreso medio en el que no hay parques, y a otro lado está la avenida del Ejército, por donde pasan varias rutas de micro. El cuartel fue zonificado como Zona de Reglamentación Especial, y correspondía a Miraflores proponer un plan de usos. En el concejo de Miraflores, Somos Perú propuso que el terreno sea convertido en un parque, pero la idea fue rápidamente descartada por el Partido Popular Cristiano, en ese momento en la alcaldía. En su lugar, lo que habrá ahora será un complejo hotelero, comercial y residencial de lujo, luego de que el estado vendiera el terreno al mejor postor bajo lineamientos establecidos por la municipalidad de Miraflores.

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Calle Espejo, en Santa Cruz, a tres cuadras del ex Cuartel San Martín (2011). En 2014 empezó la construcción de un complejo de oficinas en los terrenos ocupados por las casas de la derecha.

Los detalles bajo los cuales se cambiaría el uso del terreno sin duda complicaban su conversión a un espacio no lucrativo. Aunque en teoría Miraflores decidía qué se hacía con el espacio, el gobierno central lo que buscaba era ingresos con la venta del terreno. Miraflores habría tenido dos opciones: convencer al gobierno central de que ceda el espacio, o comprárselo. Como la idea de convertir el cuartel en un parque prácticamente no se hizo pública, no sabemos en qué términos se habría llevado a cabo esa discusión.

Sin embargo, el hecho de que una salida que no sea tomar la decisión siguiendo “leyes de mercado” haya sido descartada tan rápidamente nos lleva a uno de los mayores obstáculos para convertir el Lima Golf, y acaso otros terrenos con potenciales similares, en parques públicos: que en Lima, y principalmente en las áreas centrales y potencialmente más caras (el Parque del Migrante no sigue esta lógica), la decisión de qué hacer con el suelo urbano suele depender de qué actividad es la que eleva más su valor monetario. Esto no siempre fue así, y tampoco ha surgido espontáneamente. El Plan de Desarrollo Metropolitano de 1990 proponía que la “decadente concepción restrictiva y controlista [de la zonificación] debe erradicarse por un enfoque promotor o de incentivos a las iniciativas particulares” (p. 142). El plan mantenía a la zonificación como una herramienta básica, pero buscaba transformarla para que deje de “controlar” el suelo y en cambio funcione de acuerdo a su “vocación.” La eliminación, en la constitución de 1993, de la armonización entre propiedad e interés social (según el Art. 124 de la C1979, “La propiedad obliga a usar los bienes en armonía con el interés social.”) va en el mismo sentido. Aunque los marcos legales no siempre establecen los límites del debate público, en los últimos años ha habido pocas propuestas que los cuestionen.

Esta “vocación” no siempre implica que un terreno público sea vendido libremente al mejor postor. Por ejemplo, la conversión del terreno del cuartel en un espacio de lujo bajo términos establecidos por el gobierno local puede entenderse como una estrategia para subir el valor del suelo en los alrededores. La lógica de mercado no requiere que el terreno en cuestión se revalorice todo lo que se pueda, sino que el total (en este caso, el cuartel y los alrededores) lo haga. Bajo esta lógica, si un interés público existe, es el de revalorizar el suelo. Se entiende la ciudad -o parte de ella- como máquina de crecimiento.

¿Qué opciones habría, entonces? Una alternativa sería que el proceso de conversión del terreno del Golf a un parque incluya mecanismos de mercado, por ejemplo la utilización de herramientas para recuperar la inversión mediante la captura del aumento del valor del suelo en los alrededores. El problema es que estaríamos asumiendo que el valor del suelo en un barrio de clase alta aumentaría con la inclusión de un parque público que atraería visitantes de otras zonas de la ciudad. La tendencia a la auto-segregación de las clases altas a través de rejas, controles y otras tecnologías de seguridad no nos permiten ser muy optimistas al respecto. Además, la misma lógica de mercado comprometería la inclusión de vivienda barata en la zona.

La otra sería opción sería cuestionar que el “mercado” sea siempre quien deba asignar cómo se usa el suelo urbano. Esto no debería sonar extraño para Lima, una ciudad urbanizada principalmente a través de esfuerzos colectivos al margen del mercado. Para Henri Lefebvre, esto consistiría en poner en primer plano el “valor de uso” del suelo, por sobre su “valor de cambio.”

[E]l derecho a la ciudad se anuncia como llamada, como exigencia. […] [N]o puede concebirse como un simple derecho de visita o retorno hacia las ciudades tradicionales. Sólo puede formularse como derecho a la vida urbana, transformada, renovada, [si] ‘lo urbano’ [es] lugar de encuentro, prioridad del valor de uso, inscripción en el espacio de un tiempo promovido al rango de bien supremo entre los bienes.

(Henri Lefebvre, El Derecho a la Ciudad. Citado en Peter Marcuse, “¿Qué derecho para qué ciudad en Lefebvre?”)

En otros países ha ocurrido transformaciones en esta dirección. Por ejemplo, el Estatuto de la Ciudad en Brasil (2001) establece que el desarrollo de suelo urbano no se debe regir solo por su valor de cambio, sino por su valor de uso social (ver también Purcell, “Possible Worlds”). Lo que hace falta para Lima, más allá de si un proyecto de parque es “viable” o no, es cambiar los términos de cómo se discute esta “viabilidad.” Si no se cuestionan esos términos, el presupuesto público no va a ser lo que impida un parque “de todas las sangres” en la zona más cara de Lima.

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2 pensamientos en “El parque zonal del Lima Golf y el derecho a la ciudad

  1. Me encantaría saber mucho mas de este proyecto. . Pero la pregunta es: ¿debemos dar a la población lo que quiere o lo q la población necesita? Saludos

  2. Pingback: Elecciones 2016. Propuestas para una ciudad justa. 1: la función social de la propiedad | Lugares Comunes

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