¿Por qué no usan los puentes? A seguir culpando a los peatones…

Apareció ayer en La República una nota sobre un puente peatonal que nadie usa: El puente olvidado de Los Olivos.

“Pero qué quieres que haga. Yo no voy a subir a un puente que nadie cruza. Además, está sucio y  muy lejos de acá (a una cuadra)”. Esta es la  increíble respuesta de una transeúnte que no le importa arriesgar su vida y esquiva temerariamente a los rápidos autos que se desplazan por la avenida Naranjal (a una cuadra de la Av. Túpac Amaru), en el distrito de Los Olivos.

Este es el increíble comienzo de la nota, de entrada poniendo los motivos de la gente para no usarlo como absurdos. El autor no se pregunta, por ejemplo, si un puente peatonal es la única forma en la que se podría cruzar esa vía. Al contrario, se escandaliza porque la gente no use el puente en una avenida donde los autos van a gran velocidad, cosa que debe ser facilitada por el puente, por su puesto. Como todos los puentes peatonales, pues, este no tiene como objetivo que la gente cruce con seguridad, sino que los autos no tengan que detenerse.

Los peatones olvidados de Los Olivos

Pero este caso es particluarmente absurdo, pues el puente está a una cuadra de una intersección importante (Naranjal con Túpac Amaru). El autor no se pregunta, por ejemplo, si un cruce peatonal a nivel, con semáforo, en el lugar por el que la gente suele cruzar (la intersección), no podría ser una solución.

Un lugar común recurrente en los discursos de la prensa sobre los peatones es que el problema es la falta de “cultura vial”. Esto es reforzado cuando se consulta como “expertos” a gente que sabe muy poco del tema, y se limita a reproducir tales lugares comunes. Una forma de cuestionar esto es simplemente viendo casos en otras ciudades del mundo (si nosotros no tenemos cultura vial, alguien la tendrá, ¿no?). En su libro Tráfico: por qué el carril de al lado siempre avanza más rápido y otros misterios de la carretera, Tom Vanderbilt pone el ejemplo de dos cruceros peatonales ubicados en calles contiguas en Londres. En uno, el 75% de la gente cruza solo cuando el semáforo se lo permite. En el otro, el porcentaje es mucho menor. Obviamente, dice Vanderbilt, no sucede que los cambien su “cultura vial” de una cuadra a la otra. Simplemente, en una cruzar por el crucero peatonal es más fácil y rápido que en la otra.¹

Ejemplos así hay alrededor de todo el mundo. Y si la gente decide usar un crucero peatonal a nivel según su facilidad y rapidez, obviamente sucede algo similar con los puentes peatonales, que son aun más lentos que los cruceros. En un estudio, Juan Carlos Dextre (este sí especialista en tránsito, no como el “experto” que cita La República), explica que un puente ubicado unos kilómetros al norte del de la nota, en La Pascana (Comas), es usado por solo el 10% de las personas que cruza la pista (Av. Túpac Amaru) por ese lugar. No solo eso, sino que la gente que está apurada tiende a usarlo menos que la gente que no lo está: en la mañana, la gente que cruza el puente hacia el lugar donde se toman los micros que van hacia el centro tiende a usar menos el puente que, en la tarde, los que vienen del paradero que deja a la gente que viene del centro. En la mañana, al momento de ir a sus trabajos en el centro de la ciudad, las personas están más apuradas que en las tardes, cuando vuelven a sus casas. Eso explica por qué usan más el puente en las mañanas que en las tardes (las cifras están en una presentación para el MTC, aquí, p. 29). La lógica es la misma que la explicada por Vanderbilt: la facilidad y rapidez para cruzar son determinantes en el uso de los cruceros y puentes.

Pero entonces, ¿cómo hacer para que la gente use los puentes peatonales? En realidad, el problema es que esta pregunta -que es la que se hace la nota en La República, y que no es cuestionada por el “experto” Luis Quispe- es la pregunta equivocada. Lo que nos debemos preguntar es cómo hacer para que la gente se mueva con facilidad -y no cómo hacer para que se mueva por donde nosotros queremos que lo haga. Y definitivamente, obligarlas a subir y bajar escaleras cuando pueden cruzar sin hacerlo no es la solución. Pero el problema está ligado a otro: las políticas de transporte en Lima tienden a favorecer el tránsito motorizado sobre el peatonal (y dentro del motorizado, el de vehículos particulares). En ese contexto, es lógico que se quiera hacer que la gente cruce por puentes, para que los autos mantengan su velocidad.

Intersección de Av. Naranjal y Av. Túpac Amaru (click para ampliar)

Esto es un problema mayor, que ha terminado en una ley para multar a los peatones, a pesar de que la señalización y la infraestructura están hechas para invitarlos a no usarlas. Como dije en este y este post, esa ley viene de una campaña -en la que participó el “experto” Luis Quispe- para crear la imagen de que los peatones son culpables de la mayoría de accidentes, lo cual no solo es falso, sino que incluso cuando los peatones son formalmente “culpables”, suelen serlo porque las calles no les dan una alternativa.

¹En la edición original en inglés (Traffic: Why we drive the way we do, Vintage 2009) esta historia aparece en la p. 225.