El día de ayer, Perú21 publicó en portada una “denuncia” supuestamente hecha por el colectivo Anonymus (y que ya fue desmentida por este). A través de una cuenta de youtube, anónima y creada dos días antes, alguien subió un video en el que aparece una lista de personas, entre las cuales me incluyen (es curioso que la lista me incluya cuando en este blog -que usualmente dedico a asuntos urbanos- he criticado más de una vez al gobierno municipal). Además de los nombres, el video incluye datos personales como dirección y teléfono, por lo que no solo es difamatorio sino que atenta contra la privacidad de las personas, e incluso se podría decir que busca amedrentarlas. La voz del video dice, sin presentar prueba alguna, que la Municipalidad de Lima le paga a esas personas para que desprestigien a sus opositores. A todas luces, una acusación absurda y sin fundamento. El video empezó a circular el viernes a través de correos electrónicos, y tuvo algunas menciones en el twitter, la mayoría de ellas burlándose de lo ridículo que era.
Sin embargo, Perú21 encontró en el video una oportunidad para seguir golpeando a la gestión de la alcaldesa Villarán. Carlos Castillo, empleado de ese medio, preguntó por twitter si alguien había visto el video. Le respondieron que sí y que, como todo el mundo ya sabía, era una farsa. No respondió de vuelta. Otro empleado de Perú21, José Clemente, estuvo llamando a los teléfonos de las personas mencionadas en el video. Como era de esperarse, ante lo absurdo de la denuncia, no tuvo mucho éxito en su “investigación”.
A pesar de que era evidente que la acusación hecha anónimamente no tenía ningún sustento, Fritz Du Bois decidió publicarla en la portada de Perú21. No es la primera vez que el director de Perú21 practica la difamación de este modo. Durante la campaña electoral pasada, en la que casi toda la prensa limeña participó en una campaña de mentiras contra la candidatura de Ollanta Humala, Du Bois difamó a una candidata al Congreso por Gana Perú y ya fue sentenciado por ello. Ante la sentencia, la respuesta de buena parte de los medios, incluyendo periodistas y blogueros, fue defender a Fritz Du Bois. Los principales argumentos eran que sentenciarlo sería un atentado contra la libertad de expresión y que lo que hizo Du Bois no fue acusar sino opinar (?).
Usando como pretexto un principio (la libertad de expresión), hay gente siempre dispuesta a defender, en realidad, a un grupo (los grandes medios de prensa y sus empleados). De este modo, gente como Fritz Du Bois sabe que, si difama, tendrá a un grupo de personas y medios influyentes defendiéndolo. De hecho, en su edición de hoy, lejos de rectificarse, Perú21 ratifica la acusación. Para hacerlo presenta la delirante versión de los regidores de oposición Jaime Salinas y Alberto Valenzuela, quienes según el diario han sido atacados (?)
Sin embargo, para los afectados con estos ataques, el video es un elemento secundario frente a la red de tuiteros y bloggers peruanos que los insultan siempre que realizan alguna crítica contra la actual gestión metropolitana.
El regidor Jaime Salinas confirmó a Perú21 que los internautas que atacaron a sus colegas Alberto Valenzuela y Jorge Villena son los mismos que lo atacaron cuando él denunció a Villarán por la compra de un lote de radios y por los insultos de su gerente general Miguel Prialé.
La acusación levantada por Perú21 se parece mucho a la hecha por Rosa María Palacios unos días antes. Además de la obvia diferencia entre las magnitudes de los medios usados (portada de domingo vs. twitter), quizás la única otra sea que, mientras Perú21 afirmó que los tuiteros serían pagados por la Municipalidad de Lima, Palacios dijo que quien estaría pagando sería el gobierno central. Desde luego, Palacios se mostró irritada cuando por twitter le preguntaron qué opinaba de la portada de Perú21. Ante las preguntas, respondió que estaba siendo insultada, a pesar de que ella, unos días antes, y para justificar la acusación mencionada líneas arriba, dijo textualmente que “preguntar no es acusar, ni ofender”. Luego tuiteó que ella no tenía interés en hablar de “noticias falsas”, pasando por alto la noticia verdadera: ese día Perú21, un diario de alta circulación, había difamado y comprometido la privacidad de varias personas. Ante ello le recordaron que, hace solo dos años, llamó miserable a quien difundió una “noticia falsa” que la involucraba.

Hasta antes de salir en Perú21, el video y los datos de las personas mencionadas habían pasado desapercibidos. Imagen de http://twitter.com/?photo_id=1#!/jorgejhms/status/138459118313803777/photo/1
Aquí vemos dos patrones. Uno es que cuando se trata de periodistas poderosos acusando o difamando a tuiteros o activistas, cuando se acusa a gente de recibir dinero para opinar de cierto modo, otros periodistas poderosos no ven problema alguno o prefieren pasar el hecho por alto. En otras palabras, no les parece preocupante que la gente que expresa opiniones libres sea cuestionada y acusada, sin evidencias, de vender sus opiniones. O sea, no les interesa que haya gente que sea acosada por ejercer su derecho a la libertad de expresión. El otro patrón es que, cuando la cosa viene para el otro lado, cuando un periodista de estos grandes medios es criticado o acusado por difamación, sí saltan muchos periodistas a denunciar acoso, insultos y atentados a la libertad de expresión.
¿La libertad de expresión de quién?






