Estos días ha seguido la polémica por el proyecto que propone construir un hotel Hyatt de cinco estrellas en la Costa Verde. La construcción de un hotel en el acantilado, sin embargo, no es permitida por la zonificación actual, que solo acepta espacios libres y accesos públicos, no construcciones habitables ni comerciales. Debido a que la información presentada en medios no es completa, hay por lo menos dos asuntos que aclarar.
El primero tiene que ver con la autorización original para construir el hotel. Este fue parte del proyecto inicial de Larcomar, aprobado en 1995. Sin embargo, y esto es algo que no he leído ni escuchado en medios de comunicación, la resolución de 1995 que autorizó la firma del contrato entre la Municipalidad de Miraflores y la empresa concesionaria indicaba que el complejo entero, incluyendo el hotel y accesos públicos a la playa, debió haber sido completado en 2005. Por lo tanto, no es cierto que el hotel cuente con una autorización previa al cambio en la zonificación que no permite construcciones en el acantilado. O bien, contaba con esa autorización, pero el plazo para hacer uso de esta venció en 2005 (y tampoco construyó los accesos públicos a los que se había comprometido).

Resolución de Alcaldía 11133-95 (Miraflores) disponible en http://comuneslugares.files.wordpress.com/2012/07/nl19960115.pdf (última página)
El segundo tema es qué nivel de gobierno está encargado de autorizar o no la construcción. Según el reglamento de la Costa Verde, las municipalidades distritales son encargadas de “emitir autorizaciones y adjudicar derechos que correspondan dentro de su respectiva jurisdicción, los cuales deben respetar las zonificaciones y ser compatibles con el Plan Maestro de Desarrollo”. En este caso, un hotel no respetaría la zonificación, por lo tanto la Municipalidad de Miraflores no tiene el poder para autorizarlo. La responsabilidad, pues, es de la Autoridad de la Costa Verde, que tendría que modificar el Plan Maestro, y de la Municipalidad de Lima, que tendría que aprobar la nueva zonificación que permita construir un hotel por lo menos en esa zona del acantilado.
De hecho, en estos días se debatirá en el concejo de Lima una propuesta de modificación del plano de zonificación que permitiría construcciones comerciales en los acantilados. Si se aprueba, ahí sí Miraflores sería la encargada de aprobar el nuevo proyecto de hotel. La municipalidad de Lima, según el reglamento de zonificación, debe consultar a las municipalidades involucradas, que a su vez deberán desarrollar consultas vecinales.
Dicho reglamento fue recientemente modificado para aclarar quiénes deberán ser convocados a la consulta: los propietarios de inmuebles que comparten ambos frentes de manzana y los inmuebles posteriores en la manzana. Sin embargo, no es muy claro cómo se aplicaría esto en el caso de los acantilados, salvo quizás para los dueños de Larcomar (que comparte “manzana”), quienes están al menos indirectamente involucrados en el proyecto. Además, la consulta no es vinculante. Esto significa que la municipalidad de Lima podría legalmente cambiar la zonificación incluso contra la opinión de los vecinos, lo cual llama la atención sobre las condiciones bajo las cuales se incluye la participación ciudadana en los cambios urbanos en Lima.

Costa Verde: corredor vial y restaurantes informales (foto de http://www.panoramio.com/photo/49616834)
Hasta ahora, lo que se sabe es que en la municipalidad están realizando estudios y debatiendo sobre la posibilidad de cambiar la zonificación. Aprobar la construcción de este hotel sería dar un paso más el proceso de elitización de la Costa Verde, empezado en la década de 1990: aprobación informal de construcciones de departamentos de lujo en los acantilados de Barranco, construcciones informales de un club de yates y de restaurantes de lujo, las restricciones a opciones baratas de transporte, y la ampliación de las vías para la minoría que viaja en auto. En contraste, las inversiones y proyectos con beneficios más amplios han sido mucho menores (destacan la ruta alimentadora el Metropolitano el último verano y las construcciones de malecones, aunque aún poco accesibles desde la zona alta). Esperemos que la Municipalidad de Lima no ceda a la presión y que intente reorientar el rumbo que ha seguido la Costa Verde estos años.
¿Insisten tercamente en seguir privatizando los espacios públicos? ¿Por qué sólo en la ciudad de Lima ocurre el fenómeno de tener tantas autoridades decidiendo sobre ella? Ninguna ciudad capital o importante en el mundo se maneja con 42 alcaldes, a la que se añade en este caso la Autoridad Autónoma de la Costa Verde, que de verde no le queda nada y ahora pretenden tapar el bello acantilado con concreto. No tienen un verdadero Plan de Desarrollo de Lima y por eso la pobre sufre los caprichos y decisiones antojadizas de autoridades mal asesoradas (el arenado de La Herradura debería avergonzar profesionalmente al “asesor”, pero cuando no hay sangre en la cara…