La presión de los medios de comunicación finalmente logró que el Congreso apruebe una ley que va en el sentido opuesto a las tendencias mundiales del urbanismo. Se trata de la aplicación de multas a peatones que incumplan las reglas de tránsito. A pesar de que en gran parte de América Latina y del mundo occidental las políticas urbanísticas, guiadas por el enfoque de la movilidad urbana (sobre el cual hubo un seminario en Lima hace tres semanas), tienden a darle prioridad a los medios no motorizados de transporte, en el Perú se hace exactamente lo contrario.

Algo que me llamó la atención es que la medida ha sido tomada por algunos sectores de la sociedad como positiva. Cuando la Universidad Católica puso la noticia en su página de Facebook, casi todos los comentarios eran a favor. Yo sé que es un universo muy pequeño, que representa apenas un sector de la clase media limeña. Pero estoy hablando de un impacto que no suelen tener las noticias que cuelga la PUCP en su página (en dos días, 136 personas habían indicado que les gustaba la noticia, y menos de 5 comentarios de los 54 que habían siquiera cuestionaban la medida). Además, por lo menos en internet, es muy poco común ver a alguien cuestionar la ley. ¿Y los candidatos a las alcaldías? Nada, no es su tema.

El lector se preguntará: ¿pero cuál es el problema de que multen a los peatones que infringen las leyes de tránsito? ¿Acaso ellos no son los culpables de la mayoría de accidentes en Lima? Bueno, el primer problema es justamente ese: los peatones no son los principales culpables de los accidentes. En realidad, los conductores son culpables del 54% de accidentes, y los peatones son sus principales víctimas. Pero en una sociedad en la que es común que la frontera entre culpable y víctima sea eliminada, ha sido muy fácil para los medios convertir a la principal víctima en el principal culpable. Y todos cayeron redonditos, incluyendo a los congresistas.

Alguien dirá que, si bien no son los principales culpables, sí ocasionan algunos accidentes. Es cierto. Sin embargo, ¿eso significa que deben ser multados por no cumplir las reglas? No voy a discutir aquí la esencia de esta medida -que los peatones puedan ser objeto de multas. Simplemente voy a explicar por qué, con las condiciones actuales, esta norma es absurda.

En primer lugar, y hablando solo de Lima, la ciudad no le permite a los peatones cumplir siempre las reglas. O, por lo menos, los obligaría en muchos casos a caminar más de un kilómetro para hacerlo. Por ejemplo, en la avenida Javier Prado Oeste hay una separación de 1 km entre dos cruceros peatonales (cruce con Las Flores/Prescott y cruce con Las Palmeras/Zela). Si alguien está en el punto medio entre los dos, y necesita cruzar al otro lado de la avenida, no solo corre el riesgo de ser atropellado, sino que deberá pagar una multa si un policía lo ve haciéndolo. O, claro, caminar 500 de ida y 500 metros de regreso. No hay un semáforo con crucero peatonal en el medio porque eso haría que los autos se demoren más. Que un peatón tenga que caminar un kilómetro para cruzar la pista no parece ser un problema para la ciudad. Que los autos se demoren medio minuto más en llegar a su destino, sí.

Y este es solo un ejemplo de cientos que se ven en Lima. La separación entre puentes peatonales en las autopistas que dividen el área urbana es otro. En la Vía de Evitamiento hay puentes que están separados por casi un kilómetro. De hecho, se puede escribir bastante sobre los puentes peatonales, que se suele decir que son para los peatones, a pesar de que su objetivo es permitir que los autos vayan más rápido. Pero no voy a expandirme en esto porque el urbanista colombiano Carlos González ya lo ha explicado muy bien aquí y aquí.

Un contraargumento fácil es el típico “por algo se empieza”. O sea, aceptar que los peatones tengan que seguir caminando de más, esperando que a alguien se le ocurra crear las condiciones para que puedan cruzar la pista. Mientras tanto, si no quieren demorarse media hora más, multa.

Pero eso no es todo. Además de la falta de señalización hay otro problema. En gran parte de los casos en los que existe tal señalización, esta no garantiza la seguridad de los peatones. ¿Tú que manejas un auto y estás a favor de la ley, lo detienes antes de un crucero peatonal cuando hay una persona en la vereda? Ojo, cuando está en la vereda, no cuando ya se lanzó a la pista inmolándose para obligarte a cumplir una norma de tránsito. ¿Y cuando paras en un Pare, miras la vereda antes de ver la calle que cruza? ¿Y antes de girar con el semáforo en verde, te fijas si hay alguien esperando para poder cruzar la calle a la que estás entrando? El año pasado hice un breve post con un video de algo que se ve a diario en Lima: peatones toreando autos para poder cruzar por donde la norma se lo permite.

A las personas que aparecen en el video, ¿ahora las vamos a multar si es que no cruzan por ese lugar? ¿en serio?

Esto tiene una lógica. En ese post decía que los peatones no tienen ningún incentivo para cumplir las reglas de tránsito: si cruzan por donde no deben, corren el riesgo de ser atropellados. Si cruzan por donde deben, también. Entonces, obviamente, cruzan por donde se les haga más cerca. No porque “no les importe su vida”, sino porque es más rápido. Como no hay incentivos positivos, creamos incentivos negativos. El objetivo, obviamente, no es la seguridad de los peatones, como se afirma con ese tono tan paternalista que caracteriza a los limeños. El objetivo es que los peatones no estorben.

Imagen de aquí

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